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Historia de la enseñanza a personas sordas


Por Lcda. Yanira Soundy El médico, astrónomo y astrólogo italiano GIROLAMO CARDANO, nacido en 1501, fue el primer hombre que creyó y habló de la posibilidad de educar a las personas sordas. El decía que los signos de las manos ayudarían la lecto-escritura y así se desarrollaría el conocimiento. Esta manera de pensar se ha redescubierto hace poco, 500 años después volvemos a la misma conclusión.

Muchos estudiosos de la materia piensan que el pensamiento de Cardano fue influenciado por los razonamientos de Rudolf Agrícola de Groningen (1443-1485), publicados póstumamente en 1528 bajo el título de "De Inventione Dialectica", en los que hablaba de una persona sorda que había aprendido a comprender la escritura y debido a esto, había sido capaz de usarla para manifestar su pensamiento, sustituyendo de esta manera el habla.

El señor Gardano como médico, conocía los órganos de los sentidos. Y como genio, llegó a la conclusión de que se podía hacer "oír" al sordo, "leyendo", y "hablar", "escribiendo".

Antes de este gran hombre Cardano, existían muchos mitos, varios de los cuales lamentablemente subsisten todavía. Por ejemplo, el señor Aristóteles decía que los sordos eran incapaces de razonar. Hipócrates de Cos (460 - 377?), el llamado "padre de la medicina" decía que había algo sobrenatural (quod divinum) en las enfermedades, una perspectiva que ha subsistido por siglos, excepto para la escuela de Galeno, y “la sordera era considerada una enfermedad, por lo cual sólo Dios la podía curar”.

En el siglo XV no había ninguna esperanza para el sordo hasta que el pensamiento no alcanzara otros niveles.

Retornando al siglo XVI, Pedro Ponce de León retomó el planteamiento de Cardano y uso un sistema de signos manuales asociados a objetos reales que estaban en la presencia del alumno, o dibujos de los mismos, al tiempo que les enseñaba cómo se escribía el nombre respectivo.

Relatan que los primeros alumnos de Ponce de León fueron Francisco y Pedro Velasco, de la familia del Administrador de Castilla, y otros jóvenes de familias nobles, quienes se presumía eran sordos congénitos.

Es hasta 1940 que se inventa el primer audiómetro clínico, por lo cual sólo hasta esa fecha se logró establecer el nivel de pérdida auditiva de una persona. Algunos de sus alumnos lograron pronunciar algunas palabras, pero sólo después de haber aprendido a "leer" y "escribir".

La lecto-escritura era un lujo del cual pocos disfrutaban en aquel siglo. Esto fue llamado METODO ORAL PURO (1545), que no llegó a ser un método, pues no hay constancias del mismo en el afán misionero de Pedro de llevar la "Palabra de Cristo" a los herederos de los nobles. En aquella época quien no supiera leer no podía heredar los dominios de sus antecesores.

Por otra parte, en aquel entonces se argumentaba por parte de la Iglesia Católica que la única forma de reconocer que el sordo era un ser humano con alma estaría en la posibilidad de alabar a Dios por medio de la palabra hablada. Así, presionó para que en el tristemente célebre Congreso de Milán (1880) se instaurara el ORALISMO. Allí, casi imponiéndose a la fuerza para que lo dejaran hablar, Thomas Hopkins Gallaudet expresó: "LOS SIGNOS MANUALES SON LA LENGUA MATERNA DEL SORDO, ASI COMO DE LA HUMANIDAD"”

El Congreso Mundial de Educadores de Sordos, reunido dos años más tarde, en Bruselas (Bélgica), derogó lo "acordado" en Milán y rescató el derecho del sordo a utilizar el código kinésico, pero el daño ya estaba hecho, y la situación continuó siendo un tormento para el sordo hasta 1950, cuando comenzó a reconceptualizarse su educación.






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